
Luego sentí como la aguja me penetraba y apreté los ojos para no verme la sangre agolpándose en las venas del antebrazo. Ahora sí, chiquita, vas a saber lo que es no ser de este mundo. Su voz era como la de un lobo, un lobo de fábula, un lobo como deben ser los lobos que hablan. Y la aguja seguía adentro, yo pensé que me estaba arañando el hueso; yo pensé que el muy cabrón estaba escarbando su nombre en mi hueso. Ya sácala, le dije, ya no queda nada en la jeringa. Soltó una risa, ya no de lobo, sino de hombre con disfraz de lobo. El hombre es el lobo del hombre, el hombre es el lobo del hombre. Elombreselobodelombre. Luego ese hombre me lamió el cuello y su saliva ardía. Yo me puse a pensar en que los cuellos son salados y en eso se parecen al mar, en eso y en que giran para hacerse los interesantes. Mico, se me durmió el brazo. Y él dale y dale con los lengüetazos. Mico, ya, te digo que no siento mi brazo. Es normal, dijo, ahorita se te pasa y verás qué bien te sientes. Pero nada ahí era normal. Luego sentí como su aguja me penetraba y apreté los ojos para no ver su cara sudada encima de la mía. Y apreté los oídos para no escuchar su jadeo de lobo o de hombre. Y apagué mi cabeza para no comerme las palpitaciones de su orgasmo. El que con lobos anda a aullar se enseña. Pero él no me había enseñado nada. Una vez me subió a su moto y nos fuimos a un llano cerca de su casa. Yo te voy a enseñar, me dijo, vas a ser mi novia biker. Pero yo nunca supe aullar ni andar en moto. Ahora ya está oscuro, como boca de lobo. Y él está en el sillón, haciendo aros de humo con su boca de hombre. De mí sé muy poco. Sé que estoy sentada con él en el sillón. Y además estoy llorando sobre la cama, muy quedito, envuelta en la sábana. Estoy tirada en el piso y a mi alrededor sólo hay jeringas, pienso en un mar que asiente y nado desesperadamente entre las jeringas para llegar a él. Estoy afuera de una cueva y grito Lobo, lobo, ¿estás ahí? Y el lobo me dice que está ocupado, que vuelva más tarde. Yo le digo que no siento mis brazos, que tengo miedo. Lobo, lobo ¿estás ahí? Todo va a estar bien, ahorita se te pasa, me dice la cueva. Y María me dijo Hija, no vayas a la cueva porque ahí vive un lobo, un lobo muy guapo con speedballs que te puede comer. María es mi mamá y ahora estoy pensando en ella. Mico, ¿te acuerdas de esa canción, la de Mary tenía una ovejita? Y Mico tiene todos sus ojos, que son nada más y nada menos que dos, completamente blancos y el cigarro le quema los dedos. Mary tenía una ovejita, una ovejita muy bonita, a quien amaba con todas sus fuerzas. Pero la muy puta de la ovejita se fue a buscar a un lobo que le dijera Reina, tú no eres de este mundo, tú no eres ovejita de este mundo. Y ahora el lobo ya no responde y no hay quien lleve a la ovejita a su casa. María, María, ven por mí, sácame de este sillón, de esta cama, de este mar. Pero a la cueva no te metas nunca.



