jueves 12 de noviembre de 2009



Luego sentí como la aguja me penetraba y apreté los ojos para no verme la sangre agolpándose en las venas del antebrazo. Ahora sí, chiquita, vas a saber lo que es no ser de este mundo. Su voz era como la de un lobo, un lobo de fábula, un lobo como deben ser los lobos que hablan. Y la aguja seguía adentro, yo pensé que me estaba arañando el hueso; yo pensé que el muy cabrón estaba escarbando su nombre en mi hueso. Ya sácala, le dije, ya no queda nada en la jeringa. Soltó una risa, ya no de lobo, sino de hombre con disfraz de lobo. El hombre es el lobo del hombre, el hombre es el lobo del hombre. Elombreselobodelombre. Luego ese hombre me lamió el cuello y su saliva ardía. Yo me puse a pensar en que los cuellos son salados y en eso se parecen al mar, en eso y en que giran para hacerse los interesantes. Mico, se me durmió el brazo. Y él dale y dale con los lengüetazos. Mico, ya, te digo que no siento mi brazo. Es normal, dijo, ahorita se te pasa y verás qué bien te sientes. Pero nada ahí era normal. Luego sentí como su aguja me penetraba y apreté los ojos para no ver su cara sudada encima de la mía. Y apreté los oídos para no escuchar su jadeo de lobo o de hombre. Y apagué mi cabeza para no comerme las palpitaciones de su orgasmo. El que con lobos anda a aullar se enseña. Pero él no me había enseñado nada. Una vez me subió a su moto y nos fuimos a un llano cerca de su casa. Yo te voy a enseñar, me dijo, vas a ser mi novia biker. Pero yo nunca supe aullar ni andar en moto. Ahora ya está oscuro, como boca de lobo. Y él está en el sillón, haciendo aros de humo con su boca de hombre. De mí sé muy poco. Sé que estoy sentada con él en el sillón. Y además estoy llorando sobre la cama, muy quedito, envuelta en la sábana. Estoy tirada en el piso y a mi alrededor sólo hay jeringas, pienso en un mar que asiente y nado desesperadamente entre las jeringas para llegar a él. Estoy afuera de una cueva y grito Lobo, lobo, ¿estás ahí? Y el lobo me dice que está ocupado, que vuelva más tarde. Yo le digo que no siento mis brazos, que tengo miedo. Lobo, lobo ¿estás ahí? Todo va a estar bien, ahorita se te pasa, me dice la cueva. Y María me dijo Hija, no vayas a la cueva porque ahí vive un lobo, un lobo muy guapo con speedballs que te puede comer. María es mi mamá y ahora estoy pensando en ella. Mico, ¿te acuerdas de esa canción, la de Mary tenía una ovejita? Y Mico tiene todos sus ojos, que son nada más y nada menos que dos, completamente blancos y el cigarro le quema los dedos. Mary tenía una ovejita, una ovejita muy bonita, a quien amaba con todas sus fuerzas. Pero la muy puta de la ovejita se fue a buscar a un lobo que le dijera Reina, tú no eres de este mundo, tú no eres ovejita de este mundo. Y ahora el lobo ya no responde y no hay quien lleve a la ovejita a su casa. María, María, ven por mí, sácame de este sillón, de esta cama, de este mar. Pero a la cueva no te metas nunca.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Piñatas navideñas

Creo que no existirá ocasión en que vea este video y no me haga sonreír. Momentos realmente felices. Llenos de familia y, carajo, dulces.


video

miércoles 4 de noviembre de 2009

Two minute rule



Hoy les quiero compartir, queridos lectores (con introducción cliché y toda la cosa) , una regla para la vida cotidiana que me ha hecho dar un paso hacia adelante en ese difícil proceso de eliminar mi desidia: la regla de los dos minutos o two minute rule.
Esta regla aparece en el libro "Getting things done" (o GTD, para fines prácticos, get it?) de David Allen, quien condensa el arte de la productividad libre de estrés en algunos métodos sencillos, y nos comparte reglas como la de los dos minutos con el fin de darle una cachetada en la carota a personas ociosas y flojotas como yo. Porque si algo es cierto, señores, es que ese ahorita lo hago no llega nunca.
La regla de los dos minutos es sumamente sencilla y consiste en lo siguiente: si alguna tarea te toma dos minutos o menos, hazla inmediatamente sin pensarlo. Así de simple. Pero Zamara, ¿no te das cuenta de que la fuente de nuestro estrés no son las tareas facilitas sino los enormes y tediosos ensayos de la escuela, o el cesto gigante de ropa que tiene que ser lavada? Lo sé, podría parecer ingenuo el pensar que la eliminación de estas tareas pequeñas nos puede dar algo de alivio, sin embargo es cierto. Si dejamos de evadir deberes como lavar los platos, enviar un correo, regar las plantas, tender la cama, organizar algún folder en la computadora, etcétera, se esfumará esa sensación de que vivimos rodeados de un caos que nosotros mismos construimos y la típica frase de "tengo un putero de cosas que hacer" será cosa del pasado.
Pruébenla aunque sea un día y les garantizo que se sentirán mejor. Aunque ese ensayo siga sin redactarse y el cesto de ropa siga engordando. ¿Quién se anima a aplicar la two hour rule?

martes 3 de noviembre de 2009

México kafkiano

Alemania en México